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Cosas a Revisar al Elegir un Sevici

Voy a enumerar las cosas que debes revisar antes de elegir una bicicleta del Sevici, y aun así, no podemos garantizar que la bicicleta esté en condiciones.

  1. Presión del neumático.
  2. Tiene manguitos el manillar?
  3. Cadena en su sitio.
  4. La palanquita del sillin está entera?
  5. Tiene sillin?
  6. Tiene pedales?
  7. Los radios no están rotos?
  8. Está el manillar roto o desencajado?
  9. Tiene frenos?
  10. La bici adopta una postura casi horizontal sobre la acera?
  11. Hay señales de que alguien ha dejado fluidos corporales sobre el sillin?

Una vez has elegido la bici adecuada, pueden pasar dos cosas: Una, que esté en buen estado, o, por el contrario:

  1. Los cambios están dañados y vas haciendo el molinillo.
  2. Los cambios están dañados y tienes que sujetar fuerte la maneta para cambiar.
  3. Los cambios están dañados y parece que llevas un cargamento de camiones para minas.
  4. Los ejes de las ruedas estan flojos y la bici se menea como Salma Hayek en Abierto hasta el amanecer.
  5. No frena.
  6. Las luces no se encienden.
  7. Frena demasiado.
  8. El tornillo del sillin y este se cae por arte de mágia.
  9. Los manguitos del manillar se salen.

Pero lo más gracioso es que lo mínimo que pide Sevici es que compruebes que se ilumina y frena.

Pues todo esto, y más que seguro que se me olvida, me ha pasado en el año que hago ahora con el servicio público.

Por supuesto, sin entrar en lo difícil que es encontrar una bici y lo difícil que es soltarla.

Demostrado

Pues está demostrado. Si, al salir de clase a las 19.30 zulú, en lugar de ponerme a buscar bici por todo Reina Mercedes y alrededores voy directamente a coger el autobús, llego a mi casa a la misma hora…

Bike Wars

Es más que dificil conseguir una bici cuando salgo de clase en Reina Mercedes a eso de las 19.30. De hecho, hay como una especie de guerra abierta de todos contra todos por encontrar un vehículo disponible.

Últimamente, incluso he arreglado alguna para poder volver a casa, un arreglo que sólo consiste en volver a colocar la cadena, esto me ha pasado en dos ocasiones.

Pero hoy, hoy ha sido genial. Salía de clase y en la parada de la etsii no había ninguna, subí hasta la rotonda y se estaban llevando la que había, bajé hasta las dos paradas del campus y también se llevaban la única disponible, en la de arquitectura… ¡También! había una y se la llevaban…

¡Qué mala suerte! Iba ya a cruzar la calle para coger el autobús cuando una chica aparece y va a cruzar en sentido contrario, la observo y cruzo los dedos para que se pare en la parada de arquitectura, se abre el semáforo, la sigo con la mirada mientras permanezco parado en el semáforo, y ¡SI! se para. Me muevo, camino rápido hacía la máquina, intento ver más allá no venga otro depredador, continuo, juas otro quiere esa bici, nos miramos en plan lejano oeste y salimos corriendo los dos a la vez, y…

GANE!!

Hacía por lo menos veinte años que no echaba a correr contra otro ser humano, desde la niñez sin ir más lejos. – Lo siento, le dije al muchacho, – esto es una guerra. Él se lo tomó bien, y me fuí. Pero ha sido muy gracioso. A ver si hay suerte y alguien lo sube a YouTube

Sevici

Mucho se ha hablado del Servicio de Bicicletas Públicas de Sevilla, más conocido como SeVICI. Yo aun no me había pronunciado al mundo, sí a mi circulo de amistades. Así que como más vale tarde que nunca, vamos a ello.

¿El servicio es bueno o malo? Pues como siempre, depende. Hay días que es mejor. Hay días que es peor.

Para los que no me conozcan, llevo yendo en bici por Sevilla desde 2001, y era más feliz antes del carril bici. ¿La razón? el poco carril que había era compartido por el 1% de los que lo usan ahora y había que tirar más de calzada, pero los coches eran más predecibles, los kamikazes que van ahora por el carril bici no ven el peligro, con el poco agarre que tiene el firme, si se interpone un obstáculo en el camino vas al suelo seguro, no se puede pasar por una bocacalle corriendo, puede venir un coche o una moto o vete tu a saber (esto me ha pasado hoy mismo, yo reduzco por lo que pueda venir y una chica, valiente ella, pasó como si estuviera sóla en el mundo).

Por la misma línea continúan los que no respetan directamente los semáforos, o los que tu te paras porque es lo que hay que hacer y se ponen a tu lado o incluso ¡delante tuya! A ver, ¿tu eres imbécil?, ¿no ves que está rojo?, ¿qué eres más listo que todos los demás? No entiendo entonces por qué hay una línea que separa los sentidos, hay flechas pintadas en el suelo, una señalización que hay que respetar.

En Reina Mercedes (zona de campus universitario) el peatón se imponía al automóvil, cosa que en otras zonas de Sevilla no ocurría, pues ha llegado la bici y se ha colocado en esa pirámide de poder en toda la punta. 

El estado de las bicis públicas es lamentable, no llego a entender cómo es posible que estén tantas y tanto tiempo pinchadas, hoy no he logrado coger ninguna desde Reina Mercedes hasta Huerta de la Salud, y he pasado por 8 estaciones. ¿Dónde están las bicis?

Me temo, y siempre he sido mal profeta, que la impunidad de la bici para hacer lo que le viene en gana tiene sus días contados, no está bien, la ciudad es de todos y tenemos que convivir. El cómo se va a solucionar es lo que me preocupa, ¿un carnet para poder ir en bici?, ¿vamos a necesitar un seguro?, ¿existirá policia en bici para controlar el tráfico?

Era más féliz cuando la bici no era un fenómeno de masas…

El Esparragal

Esta mañana conseguí hacer una de mis rutas clásicas. Los 80 kilómetros del circuito que cruza por el cortijo de El Esparragal (Sevilla). Salí al amanecer para evitar en todo lo posible las horas de calor, eran más o menos las 7 de la mañana. Había desayunado un buen tazón de cereales, hoy no había café. Gente en la calle. Subí hasta el Puente de la Barqueta, luego bajé por Torneo y atravesé la Cartuja para salir por Torre Triana hasta el puente de Camas. Atravesé Camas, nadie en la calle. Llegué a la vía verde y subir cuesta, bajar cuesta, la cicatriz, el cruce con la carretera de Valencina con Santiponce, el puente de la vía del tren. Seguir. Llegar a Gerena. Desviarte hacía la mina de cobre. El Esparragal.

Es uno de los sitios (de los pocos en los que he estado) en los que me ha encantado llegar en bici. Está alejado de todo y el tráfico a motor está prohibido. El silencio y la calma es de las cosas que más aprecio y por eso me encantan estas escapadas a lo "salvaje".

No he pasado demasiado calor afortunadamente. Tras atravesar el cortijo salí por la autovía de Mérida, antigua Ruta de la Plata, N-630, y ya descendí de nuevo al mundanal ruido no sin antes parada en Santiponce para comprar una botella de agua.